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Pongamos que hablo de Martínez…
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OPINIÓN | Por Dino Cappelli Pongamos que hablo de Martínez. Un apellido cualquiera, ejemplo. Martínez no estudió, no se formó para tarea alguna. Poco a poco, comenzó a escalar en la consideración del partido político al cual profesa adhesión. Y elección tras elección, el apoyo se convirtió en trabajo, entrega, voluntariado, y hasta algún aporte económico.
Martínez fue creciendo, casi con la misma velocidad, en la consideración de la gente. Los vecinos lo veían andar, siempre militando por su querido partido político. Apoyaba al candidato de turno, y eso bastaba. Confianza, siempre confianza. Un ser ejemplar, honorable.
Así, llegó el día en que el candidato de turno fue gobernante. Y se acordó de Martínez, lógicamente. Aquel hombre merecía la retribución. Fueron tiempos políticos difíciles, y Martínez siempre estuvo ahí. Allí.
Por eso hoy le corresponde estar aquí, allí. En el gobierno, del otro lado del mostrador, tomará decisiones que afectarán positiva o negativamente a sus conciudadanos.
Martínez no estudió ni se formó técnicamente para la tarea, pero eso… ¿a quién le importa?
Los Martínez ya son gobierno, y por cinco años serán los hombres y mujeres a los cuales deberemos obedecer en sus decisiones, objetar en sus errores y aplaudir en sus aciertos.
Esos Martínez, que son muchos, percibirán por la tarea una buena cantidad de dinero. Cada mes, pasarán por Tesorería del gobierno departamental para retirar su salario, retribución a una labor para la cual… no se formaron.
Si algo debemos reconocer en Guillermo López, el intendente electo, es convicción y consecuencia con sus dichos. Un día después de haber obtenido el triunfo en las elecciones departamentales, el lunes 28 de setiembre de 2020, nos respondía que los cargos de su gabinete surgirían de la confianza. No se manifestaba afín a los méritos, señalaba entonces que “la meritocracia” no le pautaría los nombres de su equipo de gobierno.
Y fue así, sin más. Hombres y mujeres que en su gran mayoría poco tienen que ver con el cargo que van a desempeñar.
Un comerciante y dirigente deportivo en Desarrollo Social, un abogado en Hacienda, una maestra en el centro de monitoreo, otra comerciante en Género. Una división que se llamará Asuntos Varios, donde seguramente caerá todo aquello que no tenía destino, nombres que pasan de Higiene a Vialidad sin solución de continuidad, o de Obras a la Secretaría General, o de Cultura a Obras, asesorías sin demasiada lógica –la de Género y Diversidad, por ejemplo-.
Por cierto, saludamos aquellas posiciones en que hombres y mujeres elegidos por el próximo intendente están capacitados para la tarea, además de haber generado la confianza suficiente en el ingeniero.
Carmen Pasarella, por siempre en el rubro turismo, a cargo del Departamento de Turismo. O el Ingeniero Agrónomo Enzo Viscailuz en Desarrollo Sustentable. O Pablo González, en RRPP. Del mismo modo es bienvenido un Arquitecto en Obras, y una Arquitecta en ejercer el control de Arquitectura. Y de abogados en Asuntos Legales y Transparencia y asesorías en asuntos legales.
Saludamos y nos congratulamos en esos Martínez y tantos otros que puedan venir, pues aún quedan posiciones de destaque por cubrir.
Los periodistas, en mi caso personal Técnico en Comunicación Social egresado de la Universidad de Trabajo del Uruguay, siempre hemos batallado con la frase “qué me vas a cobrar por un comunicadito”. El diminutivo siempre ha acompañado la realización de tareas. El comunicadito, el textito, la locución que dura poquito. ¿Qué me vas a cobrar por ello?
Y entonces el interlocutor decide hacer el comunicado, el texto o la locución con algún Martínez, de esos que aparecen por doquier y cobran mucho menos.
Y sucede en muchos ámbitos. La red social puede ser llevada adelante por cualquiera, no precisamente por quien estudió para Comunity Manager. ¿Qué me vas a cobrar por subir estas cositas en las redes sociales? Y entonces Martínez lo hace.
Y la reforma de la casa la hace otro Martínez, no el albañil capacitado, y el proyecto lo realiza el amigo, y así no pagamos al arquitecto o su ayudante.
Harto de estos Martínez y de quienes les promueven sus tareas, me pregunto… ¿te dejarías operar por este Martínez? ¿Le encargarías la salud de tus hijos a Martínez? Parece que sí, pero seguramente no.
Y así los hombres y mujeres critican a los Martínez que en breve los mirarán desde la Intendencia que asumirá a fines de noviembre. Ajenos a todo y a todos, es un momento pletórico. Entonces está muy bien cuando varios de estos Martínez escriben en sus redes sociales “gracias Guillermo, por la confianza”. Porque aparentemente es el primer mérito que surgió a la hora de la elección de muchos de los nombres del gabinete de gobierno departamental.

